Sonora, tierra de frontera

Sonora es una tierra llena de grandes bellezas naturales, cuenta además con una historia muy especial que la separa del resto de otras regiones en el continente y desde tiempos ancestrales a significado una región de frontera. Solo hasta el día de hoy Sonora se ha vuelto más accesible a los viajeros gracias a la conectividad aérea con la que cuenta la ciudad de Hermosillo.

En tiempos ancestrales Sonora marcaba la frontera entre los pueblos de tradición mesoamericana, dedicados a la agricultura con los pueblos cazadores del desierto. La región del Mayo y la sierra de Álamos es hogar actual de los Guarijios y los Mayo-Yoreme, culturas ancestrales que desde hace milenios han dejado plasmados petrograbados en las orillas de los ríos y las montañas. No han construido pirámides como los mesoamericanos del sur, pero estas manifestaciones de arte rupestre indican como su cultura tiene una presencia milenaria y ha permanecido durante largo tiempo.

Más al norte, los famosos Yaquis comparten muchos aspectos con Mayos y Guarijios, la manifestación más famosa de estos pueblos es la danza del venado, que es considerada la  danza única sobreviviente de tiempos prehispánicos sin alteraciones. La danza del venado es un ritual de cacería donde respetuosamente se le pide permiso al venado para cazarlo y poder alimentar a las tribus, el ritmo y los movimientos nos hablan de estos grandes cazadores del norte.

En lo profundo del Desierto Sonorense alejados de los grandes ríos, pueblos nómadas como los llamados seris, papagos, pimas y opatas, también se dedicaban a la caza del venado y es probable que rindieran culto a este animal sagrado como lo demuestran sus leyendas y la gran cantidad de venados representados en las piedras del desierto, sobre todo en la zona arqueológica La Proveedora en las inmediaciones de Caborca.

En la época colonial, estos pueblos originarios de Sonora detuvieron el avance de la primera oleada de colonizadores en el siglo XVI. Las condiciones climáticas extremas, su lejanía con las grandes ciudades del centro de la Nueva España y lo aguerrido de las tribus sonorenses, impidieron que la región fuera conquistada militarmente. Quienes hicieron realidad la labor imposible de establecer pueblos españoles en estas tierras fueron los frailes jesuitas, quienes a lo largo del siglo XVII emprendieron misiones para negociar con los pueblos indigenas, beneficiarlos con nuevas técnicas agrícolas y ganaderas, así como a comenzar el establecimiento de nuevos pueblos. Entre los jesuitas que recorrieron Sonora, se ha vuelto más celebre el Padre Kino, quien pudo fundar pueblos en lo más profundo del Desierto Sonorense, no obstante, incluso el Padre Kino encontró en las dunas del Gran Desierto de Altar su frontera natural impenetrable.

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